El pasado 18 de julio fallecía a los 77 años tras una grave enfermedad Enrique Silvestre Martí, uno de los colegas de profesión más denotados, y que más ha aportado al Derecho marítimo de nuestro país, gracias a su trabajo riguroso que plasmó en sus obras leídas y releídas por tantos de nosotros y que son manuales de cabecera, casi diríamos, de obligada lectura.
Su tarea profesional estuvo muy ligada a los Agentes de Aduanas de Valencia, del que fue letrado asesor del Colegio Oficial de Agentes de Aduanas y Representantes Aduaneros de Valencia y componente de la Comisión Jurídica del Consejo General, siendo uno de los grandes especialistas en lo que podríamos llamar Derecho Marítimo-Administrativo o Derecho Portuario. Pertenecía a la Asociación Española de Derecho Marítimo, Comité Valenciano de Derecho Marítimo y miembro Honorario de la Sección de Derecho Marítimo del Ilustre Colegio de Abogados de Valencia, miembro fundador del Propeller Club de Valencia. Publicó una gran cantidad de artículos comentando sentencias de nuestros Tribunales patrios y europeos. Destacó por sus trabajos y sentencias favorables sobre las tarifas portuarias.
También dedicó parte de su precioso tiempo a la docencia Cámara de Comercio de Valencia, IMPIVA- ADEIT, dirigió la edición de las Reglas de la Haya Visby publicadas por el Puerto Autónomo de Valencia, también impartía clases en la Fundación Valencia Port en el Master de Gestión Portuaria y Transporte Intermodal, donde comenzaba sus clases con el Llibre de Consolat de Mar y visita a la Lonja de Valencia de la que era un gran apasionado.
Desde el recuerdo entrañable a su singular personalidad, creemos que tenemos una deuda de gratitud con Enrique, con su dedicación e inteligencia puestas al servicio del Derecho Marítimo, y deseamos que su hija Amparo quién tantos años ha compartido con su padre su despacho familiar continúe tan ilustre labor. Valgan estas palabras como sencillo testimonio de admiración y de agradecimiento, junto con el más sentido pésame a sus familiares. Descansa en paz, querido Enrique.
